Las parejas más famosas de Nicole Neumann y el árbol genealógico del amor que formó

Ahora va en auto, en un auto veloz y último modelo, pero también se subió a un camión y si bien se bajó rápido parece que fue bueno mientras duró. Fue botinera durante una década, grupie de un músico, estuvo al lado de varios empresarios y se rodeó, también, de gente de dudosa clasificación y procedencia. La vida afectiva de Nicole Neumann no podía ser otra cosa que un «modelo» para armar con hombres de todo tipo pasando por la pasarela de su corazón.

Se puede, tranquilamente, arrancar por el final. Como en esas películas que spoilean una parte de su contenido, no está mal recordar que Nicole acaba de contraer matrimonio con el piloto de carreras Manu Urcera, hasta este domingo campeón de Turismo Carretera -la categoría más popular de la Argentina y una de las más seguidas en todo el mundo- y un reconocido bon vivant de la Patagonia: su familia posee una de las fortunas más grandes de esa región del país.

Precisamente, ese aire que vino del sur le renovó la vida a la rubia, que la tenía bastante complicada con sucesivos traspies amorosos y la interminable batalla con Poroto Cubero, su segundo marido y el padre de sus tres nenas. Con Manu recuperó la sonrisa, las ganas de acompañarlo en todas sus aventuras (no falta a ninguna carrera, que suelen ser un embole para quienes no siguen a la actividad fierrera) y hasta los deseos de pasar de nuevo por el altar y de quedar embarazada una vez más. ¿Llegarán juntos a la bandera a cuadros?

Entre Cubero y Urcera «desfilaron» una serie de muchachos que la alegraron en cuentagotas y se marchitaron como esas flores que muestran su capullo y a las pocas horas ya lo esconden de nuevo. El más resonante de todos fue, sin dudas, Facundo Moyano, hijo de Hugo, hermano de Pablo y, también como ellos, sindicalista y fana del fóbal.

A diferencia de sus familiares, poco cuidadosos con la imagen y las formas y tan hinchas de Independiente que llegaron a dirigirlo, Facu cuida extremademente su físico, cada una de sus palabras, se dedicó también a la política y fue presidente del club Alvarado de Mar del Plata. Semejante carta de presentación no le alcanzó al rompecorazones para atrapar por mucho tiempo al de Nicole. Un par de paradas y elle fue a parar ajoba del mionca.

La historia nunca aclarada con Pablo Cosentino le valió rumores, tapas de revistas, preguntas incómodos y el odio inmanejable de otra modelo, Daniela Urzi, esposa del empresario y quien debió escuchar incontables veces que su marido la engañaba con Nicole, nada menos que con Nicole Neumann.

El supuesto entrevero no prosperó, lo mismo que su fugaz romance con el «brooker inmobiliario» (anda en la compraventa de casas, departamentos y terrenos, pero suena más cool decirle de esa forma) Matías Tasín. Unos meses y con la música a otra parte.

La música, precisamente, fue parte fundamental de la vida de Nicole en su primera aventura matrimonial. A Nacho Herrero, el hombre que la encontró virgen de casamientos, no se le conoció trabajo alguno y sí un gusto acérrimo por la buena vida, las mujeres bonitas y las guitarras eléctricas. Tocaba que era un fenómeno y eso, sugestivamente, encandiló a Nicole, que dejó todo lo que tenía entre manos para correr a sus brazos y en un arranque de locura aceptar ser su esposa.

Dejarlo todo fue literalmente dejarlo todo: cuando una tapa de Paparazzi la descubrió con Nacho Herrero en una playa de Punta del Este, Nicole era la novia de Matías Liberman, el heredero del mayor imperio de la televisión por cable en el país. ¡Nunca un colectivero!

Para el final, el que acaso sea «el hombre de su vida»: Poroto Cubero. Lo conoció en una cancha de fútbol y se enamoró -decía- para siempre. Lo siguió a México, a Buenos Aires y después a cada programa de televisión donde fue a pelearlo cuando ya no fueron pareja. Dicen que dejó de quererlo, que ya no la excitaba, que no quería tener más intimidad con él.

Dijeron todo eso, pero por cómo se buscan siempre queda una duda: ¿terminaron definitivamente o alguna vez habrá una segunda oportunidad, un revival? Quien sabe. Hoy es el tiempo de Urcera. Y de acelerar a fondo rumbo a los días felices.

Claro: ninguno de ellos se quedó quieto ni hizo otra cosa en la vida que pensar en ella. Para nada. Todos, cada uno a su ritmo, cada uno con su estilo, fueron y vinieron deslizándose por el resbaladizo mundo de la farándula. Lógicamente, conocieron gente, se relacionaron y fueron sembrando una huella que a la larga germinó este maravilloso árbol genealógico de relaciones.

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